Análisis empresa, fotografía o cuadro

Se dice que el Balance es una foto de la empresa y para ello se hace en un momento determinado que suele ser a final del ciclo anual, normalmente a 31 de Diciembre, aunque algunas empresas usan otras fechas, pero cada año ha de ser la misma para que sean los ciclos sean equiparables en su comparación.

La fotografía sorprende al objeto fotografiado tal como es en ese momento y en una empresa es una gran ventaja porque nos dice esa posición exacta de lo que es visible en ese momento.

El quid de la cuestión está precisamente en “ese momento  en que recoge lo visible”. No es de extrañar que una persona ponga su mejor sonrisa ante este momento de la foto cuando dos minutos antes tenía la cara alterada por un estornudo, sorpresa o cualquier evento no esperado. La persona espera la fotografía y posa con su mejor versión como también puede hacerlo una empresa. O sea, puede manipularse ese momento preciso.

El pintor de cuadros diría que el artista estudia el rostro y llega a la idea esencial de la persona aunque en ese momento no esté marcada en el rostro. Basil Hallward, uno de los personajes de “El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde” y pintor de la alta sociedad,  dice que “todo retrato que se pinta de corazón es un retrato del artista, no de la persona que posa. El pintor incorpora a la obra algo de alma, más de lo que es visible y que nos da la fotografía”.

¿Qué pasaría si en lugar de la fotografía de la empresa en un momento determinado pudiéramos hacer un cuadro? En lugar de lo meramente visible, el pintor (analista) nos daría una visión más completa porque como diría Wilde el que posa es un mero accidente que “solo” tiene la virtud de enseñar lo que es visible. El gran valor añadido son los rasgos que ha podido identificar el analista.

En una foto del balance de una empresa ¿Refleja la contabilidad realmente la imagen fiel del patrimonio?

Definimos por patrimonio el conjunto de derechos, bienes y obligaciones que posee la empresa. Pero distintas formas de enfocar la contabilidad  pueden alterar ese valor. En función de la política de amortizaciones varía el valor de los activos, por ello a partir de determinadas decisiones financieras la situación patrimonial es distinta.

Otra cuestión son los activos intangibles, entre los que destaca la marca de la empresa, sin que podamos encontrar este valor en los estados financieros. También se podría decir que si este activo no sale en la foto también hay grandes dificultades para que saliese en un “cuadro” debido al elevado grado de subjetividad que tiene. Crear la marca tiene un coste importante para la empresa que podemos medir en gastos visibles pero más difíciles de evaluar el valor creado como marca. Algunas  empresas gastan  considerables sumas de dinero en la medición del grado de satisfacción de los clientes, esto debe dejar algún valor en la empresa, aunque la marca creada pertenezca al mundo de lo imaginario.

Finalmente vemos que es el mercado quien establece el valor de una empresa cotizada y el que acabe dictando un precio, pero también aquí  el precio es una cuestión relativa ya que, una cosa es el precio al que cotiza la acción y otra el precio que resultará de comprar, no solo unas cuantas, y otra cuestión es comprar suficientes acciones para hacerse con el control de la empresa.

Ya se sabe que el mercado por antonomasia es el mercado de valores; debería ser, pues, la Bolsa la que dicte precio. Ahora bien, nadie ignora que la consiguiente oferta pública de acciones (OPA) requerirá más dinero del que establecía el mercado antes de comprar acciones. En este caso, aparece otro precio de compra de la misma empresa a pesar de que sigue teniendo idéntico patrimonio. Se podrían enumerar muchos ejemplos, pero bastan los apuntados para llegar a la conclusión de que no se dispone de una imagen fiel del patrimonio de la empresa.

El precio fijado por un paquete de acciones lo suficiente grande de acciones para gestionar una empresa es una foto en ese momento determinado pero no refleja que pasará con su capital humano que, en el caso de sus directivos, pueden seguir en la empresa o ser sustituidos. El equipo directivo tiene unos conocimientos acumulados y un grado de fidelización de los clientes que no se sabe que ocurrirá cuando comiencen los nuevos dueños.

La valoración (la foto) refleja perfectamente lo visible, lo realmente difícil e ir más allá y es valorar lo invisible.

Pero ver lo invisible no solo no es fácil sino que también tiene sus riesgos y es enamorarse de su propia obra y creer ciegamente en ella. Así, volviendo a Oscar Wilde, pone en boca de Basil Hallward “Un artista debe crear cosas hermosas, pero sin poner en ellas nada de su propia existencia. Vivimos en una época en la que se trata el arte como si fuese una forma de autobiografía. Hemos perdido el sentido abstracto de la belleza”.

 

La observación de no visible tiene un gran inconveniente, no es fácil evaluar lo que no está contabilizado, al ser subjetivo  entra en el campo de lo meramente opinable y cuando encuentra algo interesante es difícil contrastarlo con un modelo, con un ideal, con algo que le asegure que el analista está en lo cierto, no lo sabrá, puede estar en lo cierto y el mercado algún día se lo reconocerá, también puede que esté en un error y como decía Wilde “poner algo de su propia existencia y creer ciegamente en ella”, entonces estaríamos de “la ilusión del conocimiento”, un error muy extendido en Bolsa.

 

 

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