El efecto Halo

Al hablar de psicología aplicada a la inversión es inevitable recordar a Amos Tversky y Daniel Kahneman a los que les fue concedido el Premio Nobel por abrirnos los ojos en lo que concierne a nuestras decisiones que no son tan racionales como creemos. Algunas de sus investigaciones trataron sobre el efecto Halo.

 

El efecto Halo es un término acuñado por Edward Thorndike que lo investigó en el ejército. Donde observó cómo los oficiales evaluaban a los soldados y descubrió que cuando un soldado era evaluado favorablemente en alguna faceta representativa se le evaluaba bien en todas las demás y por el contrario, cuan algún soldado tenia algún defecto significativo también se extrapolaba al resto de sus habilidades. Así resultaba que los buenos eran buenos en casi todo y los malos también eran malos en casi todos. Este tipo de visión nos puede llevar a la conclusión de creer que si una rosa tiene mejor olor que una col también hace mejor caldo.

 

El efecto Halo consiste en que nuestras percepciones pueden verse influenciadas por juicios previos y que alguna característica determinada la apliquemos al conjunto. De la misma forma que ocurría a Thorndike en la evaluación de las personas también es aplicable a un grupo y como no, al análisis de empresas.

 

Es fácil encontrar que cuando se evalúa a una empresa de forma favorable en alguna faceta representativa se la evalúa bien en casi todas las demás y por el contrario cuando alguna empresa tiene algún efecto representativo se extrapola también, al igual que ocurría con los soldados, las buenas empresas se consideran buenas en casi todo y las malas empresas, malas en casi todo.

 

En los análisis de empresa muchos analistas ven la parte final de la cuenta de resultados, si son buenos lo achacan a excelente estrategia, habilidad de los directivos, capacidad de crear equipos de trabajo, diversificación de negocio o dividendos sostenidos. Cuando los resultados son malos donde se hablaba de diversificación ahora se habla de abandono del negocio principal, donde se hablaba de habilidad de los directivos ahora se habla de falta de liderazgo y también duda sobre la sostenibilidad de los dividendos.

 

Una de las grandes obras de la literatura que refleja muy bien este caso es la obra de George Bernard Shaw llamada Pigmalión.  Está basada en la Metamorfosis de Ovidio en la que el rey de Chipre dio vida a una escultura. Bernard Shaw hace que el protagonista de la obra, un profesor de fonética, realice  un experimento en el que trasforma a una vendedora de flores en una dama de la alta sociedad en modales. Esta obra fue llevada al cine con el nombre de “My fair lady”. Como ocurre muchas veces en obras pasadas al cine, en la versión cinematográfica no se respeta la moraleja social del autor, pero es un clásico ejemplo del Efecto Halo, como lo demuestra cuando Elisa, la protagonista,  dice: “la diferencia entre una dama y una florista no es cómo se comporta, sino como la tratan”.

 

La historia de Pinocho, al igual que en la Metamorfosis de Ovidio en la que el rey de Chipre dio vida a una escultura, Geppetto queda encantado de su obra y quiere que su personaje tenga vida también. Es la pasión del autor sobre su obra, situación en la que también se encontró Shakespeare diciendo que: “no son lícitos los versos que no están bañados con las propias lágrimas”. Puede que, en ocasiones, el autor se enamore de su obra y quiera darle más vida de la que tiene.

 

¿No le ocurrirá esto a analistas financieros? Un laborioso análisis fundamental puede hacer llegar a creer a su autor que ha conseguido una verdad absoluta sobre una empresa cuando realmente, el éxito en temas económicos no es absoluto sino relativo a su entorno. La empresa que quiera tener una ventaja competitiva ha de asumir unos riesgos por pequeños y calculados que sean.

 

Banco Popular fue el mejor banco a finales del siglo pasado, su modelo de negocio era difícil de imitar, arraigado en un segmento importante de la población con un fuerte porcentaje de su negocio en pequeña empresa que utilizaba el descuento bancario con márgenes excelentes para el banco, tenía un PER alto porque su rentabilidad estaba en aumento. El banco obtenía muy buenos resultados con este tipo de inversión por lo que conseguía tener buen rating que a su vez, debido a su calidad obtenía cómodamente el pasivo necesario para invertir. A principios de este siglo nos encontramos con la llamada “crisis tecnológica” y durante esta crisis la cotización de Banco Popular era inmune y fue uno de los valores que mejor sorteó la crisis. Esto hizo que se ratificara el efecto Halo en Banco Popular. Esta crisis, como todas, fue una mutación que cambió el modelo de negocio y  afectó duramente al Popular que seguía gozando del efecto Halo. Si el banco era bueno en gestión del riesgo y rentabilidad de forma absoluta también sería buena en el futuro, pero posiblemente, lo arraigado de su efecto Halo fue un lastre para entrar en un cambio de ciclo al que llegó tarde.

 

El modelo de captación de pasivo en España de ING también fue revolucionario y también creó un efecto Halo. Se suponía que un banco innovador en la captación de pasivo también seria excelente en su gestión. Su innovadora forma de captación pasivo le cogió con el pie cambiado y habría que recordar que porque una rosa huela mejor que una col, no por ello hará mejor caldo.

 

En el mundo del tenis juvenil el efecto halo tiene una gran importancia. Dos alumnos de tenis de 8 años, uno nacido el 1 de Enero y otro el 31 de diciembre del mismo año son de la misma edad, pero uno es el 11,25% mayor que el otro. Si su club quiere ganar campeonatos y favorece su entreno, su rendimiento le puede permitir asistir a más campeonatos y estar más rodado que el nacido el 31 de Diciembre y es muy fácil que su evolución pueda ser más rápida. Además de funcionar como teoría también funciona en la vida real. El éxito es talento más preparación, por lo que a igualdad talento por lo que el nacido el 1 de Enero puede acabar teniendo una “ventaja acumulativa” adicional.

 

La “profecía autocumplida” es un término acuñado por Robert Merton que nos dice que una definición falsa provoca un nuevo comportamiento que convierte en verdadero el falso concepto inicial.

 

En economía, un caso del cumplimiento del efecto de la “profecía auto cumplida” a gran escala se vive en las crisis económicas.  Si muchas personas están convencidas de que el sistema económico se hunde, se hundirá o como mínimo se tiende a gastar menos por el miedo  al futuro y ayudará a  agravar la crisis, sobre todo en los países occidentales con una economía basada en el consumo.

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